martes, 2 de febrero de 2016

dos

Que tortura absurda la de mi propia mente. Madrugada, mientras el insomnio me resguarda y lo único en lo que me puedo dedicar es a excavar en lo más profundo de mis recuerdos, en aquellas partes oscuras de mi memoria. Que tormentoso puede llegar a ser pensar más de la cuenta, cuando te das cuenta de la soledad que acompaña tus días y los falsos amigos que pronto se irán. Aquellas personas con las que compartí demasiado y a la vez tan poco. Siento que ofrecí demasiado cuando ellos a penas me dieron una pequeña introducción en sus vidas. Que ilusa, siempre buscando un poco de contención. La noche se acaba y mis tristezas abundan, ¿Cómo conciliar el sueño si las voces inexistentes no callan? ¿Cómo acabar con el pesimismo si todo se encuentra sin color alguno? Es dificil expresarse sin hablar más de la cuenta, es dificil escribirlo sin dejar la vida en simples letras. Todos duermen tranquilos, consumidos por la calma que morfeo les ofrece. Me recuesto pensativa, sin poderlo evitar. 

martes, 28 de julio de 2015

uno

Apresuraba el paso, <<Más rápido>> pensaba. Necesitaba llegar a ese parque lo antes posible. Las cenizas del cigarro que se encontraba entre sus dedos caían a su paso, la brisa hacía bailar su cabello, el frío erizaba su piel y las nubes amenazaban con una fuerte tormenta . Se sentía demasiado mal,  el estómago se le revolvía y su palidez era totalmente inusual, a pesar de serlo naturalmente. Quería correr, pero no podía. Se le acabará el tiempo.
Chocaba a las personas que se le cruzaban en su camino, algunos maldecían, otros sólo la fulminaban con la mirada. A ella le daba igual, sabía que lo único que importaba ahora era llegar a casa. Desde donde estaba podía oír el tren acercándose a la estación principal, el último tren, no podía perderlo.  A pesar de todo, se esforzó y comenzó a correr, el dolor en su estómago se volvía insoportable, mareos, nada estaba bien. Justo al subir al extremo del andén, llegó a visualizar el tren acercándose. Pero  todo se volvió borroso y oscuro,  cerró los ojo, ya no podía aguantar. Tiró el cigarro al suelo, las piernas le fallaron, justo antes de caer hacia las vías, alguien la tomó entre sus brazos. El viento sopló fuerte y pudo sentir el tren pasar frente a sus narices. Volvió a cerrar los ojos y sólo pudo escuchar una dulce  voz masculina con un tono preocupado preguntando "¿Qué te sucede?" Le pareció familiar, pero ya no pensaba, sólo logró susurrar, "Estoy muriendo."






Cecilia Gutiérrez.